-¿Cómo es que me veo a mi mismo en los sueños? se supone que soñamos en primera persona…
-No siempre, los sueños verdaderos son visiones de ustedes sobre nosotros…
-Si vos lo decís… ¿y por qué en este sueño no hay aventura, ni terror, ni persecuciones, ni Julietas, ni todas esas cosas?
-Porque no había guión, así que los funcionarios de la realidad onírica (de los sueños) me pidieron que haga este monólogo.
-Pero somos dos, sería un ‘biólogo’ (como han dicho los Les Luthiers)
-Somos dos y somos uno.
-¿Entonces?
-¿Qué es lo mejor de la vida?
-La sorpresa.
-Lo dudo.
-Dudar es cosa de sabios, la seguridad es peligrosa.
-¿Como puede ser la sorpresa lo mejor de la vida?
-¿Por qué no?
-Porque viéndolos a ustedes, me doy cuenta que gran parte de la vida es la rutina, y la rutina carece de sorpresa.
-Eso es lo bueno, la sorpresa aparece en un contexto, cuando hay algo cíclico e iterativo, como la rutina.
-¿Y como explicas que las mentes más brillantes dediquen tiempo y esfuerzo al control y la predicción? ¿No es eso la ciencia acaso?
-Si, de alguna manera la ciencia es eso, y es lógico. La rutina necesita control, la posibilidad de supervivencia es más lograda cuanto más acertada es la predicción.
-¿Entonces? Te contradecís…
-No, las mentes más brillantes no dejan de ser humanas, y por eso propensas al error. Aún así, no hay contradicción.
-Explicalo.
-La gracia de la sorpresa es que esté fuera de control, nadie invierte en controlar la sorpresa, y, por otro lado, nadie podría hacerlo.
-¿Y los adivinos, tarotistas, vendedores de elixires, futurólogos…?
-Chantas, los más. Iluminados por la suerte, el resto. De cualquier manera son los aguafiestas de la vida, grises y mediocres funcionarios del destino.
-¿Y la muerte, cuando llega de sorpresa?
-Eso es un juego de palabras, nunca llega por sorpresa. No hay nada más seguro y cierto que la muerte. Yo difícilmente pueda predecir la caída del dólar, pero sin dificultad puedo predecir la muerte de un fulano.
-Si eso si, pero a lo que iba, es a que no toda sorpresa es grata.
-Seguramente. Hay sorpresas y sorpresas.
-¿Entonces como puede ser lo mejor de la vida la sorpresa?
-Porque supongo que las sorpresas implican una decisión, una decisión importante, que hace crecer el espíritu, o nos devuelve a la vulgaridad de la rutina en el mismo estado previo.
-Siempre se vuelve a la rutina.
-Pero se vuelve más sabio, o igual que antes.
-Pero hay sorpresas que no implican una decisión.
-Si, pero yo no hablo de sorpresas burguesas. Hablo de las sorpresas que sacuden el alma, que llevan a la necesidad de tomar una decisión, que tuercen el destino.
-¿Se tuerce el destino? Hay una contradicción ahí también.
-Esa es una buena pregunta, pero ahora tengo que despertar, en otra ocasión cuando vuelva a tu mundo y no haya guión, a tu mundo efímero y a-temporal, lo hablamos…
-Me parece bien, pero no entendí lo de ‘mundo efímero’…
-Claro, tu mundo, inacabado, efímero, dependiente, el de los sueños…
-¿Mi mundo es así?
-Supongo
-Ja ja ja… es para pensarlo, curiosamente yo pensaba lo mismo del tuyo. Prestá atención a los espejos de ahora en más… el tiempo me dará la razón.
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domingo, 6 de julio de 2008
Con ese que fui en sueños.
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