Curiosamente, en la retrospectiva me crucé con unos recuerdos que no siempre tengo presente, por eso es que no recuerdo la fecha ni el año. A algunos les resultará raro escucharme hablar de estos temas, que siempre tuve reservados; y les digo, no se equivocan, soy de los que dicen mucho y no dicen nada, o mejor dicho, de los que intentan dejar un mensaje entre líneas, pero tienen pésimos resultados.
Lo cierto es que me acorde de ese primer beso. Por alguna razón empezó a darme vueltas eso en la cabeza, y en una noche con ese recuerdo como musa inspiradora, fui capaz de idear versos de aceptación poética. Ahora, la luz y el viento y un amanecer invasor se llevaron las partes notables de esos pensamientos y quedaron restos humeantes, y despojados de toda poesía.
Unos cuantos años después de ese episodio entendí eso que decía Dolina: “No olviden nada, ni el olor a jazmín de los besos en la noche…”; lo pensé y era cierto, no se olvida el olor a jazmín, la torpeza del primer contacto, el fuego, el concierto disonante de hormonas y la adrenalina que copa todas las células del cuerpo.
Como olvidar esos besos húmedos, esos labios de seda, la respiración contenida y la alegría y locura posterior, en personas como yo que cualquier emoción tiende a escaparse por las ramas de la locura…y a los trece, catorce o quince años todo es locura, todo es alegría.
A esos primeros besos, en esa calle oscura, le sucedieron otros, en plazas, en parques, y en ese cuarto lleno de ruidos, similar a una sala de ensayos… pero, como era de esperar, todo termina, posiblemente haya habido algo de prohibido en esa relación, así que la dejé, me dejó, nos dejamos… fue fugaz, pero intenso, pocos se enteraron de ello, y la vida… ‘la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido’.
Después llegan otros besos, más tóxicos, más rutinarios y ordinarios, más adictivos y necesarios; con un tipo particular de encanto, a qué negarlo, pero que no reemplazan los anteriores, carecen de toda dulzura.
Y las ganas de volver… siempre volver: a esa calle oscura, a encontrarme con ese que fui alguna vez y que me diga ‘mira en que te convertiste’, pero volver al fin… Aún sabiendo que nadie se baña dos veces en el mismo río, que esa calle oscura hoy posiblemente esté tan iluminada como la calle Corrientes, que no va a haber adrenalina, ni hormonas, ni risas, ni llantos, ni locura, porque la rutina burguesa hizo estragos con mis sueños de adolescente, que posiblemente se sientan un poco traicionados, sabiéndose los más genuinos.
viernes, 27 de junio de 2008
jueves, 19 de junio de 2008
Crónica de un rebote anunciado (inconcluso) (By Me)
Inconcluso, es una palabra que denota, vulgarmente hablando, algo que no está terminado. Ahora bien, en la mayoría de las obras inconclusas, el carácter de ‘sin terminar’ se debe a fuerzas externas a la voluntad del autor. En este caso, la ‘in-conclusión’ resulta buscada, un hecho por lo menos curioso. Es decir, que el hecho de que este texto quede inconcluso sería mas bien una forma de éxito, aunque no literariamente hablando, por razones que sabrán entender.
Ahora bien, entrando de lleno en el cuerpo, debo advertir que las circunstancias me obligan a jugar con los tiempos verbales, a ir al pasado y volver al presente, a narrar de adelante para atrás, cosa que no se hacer, por lo tanto, dudo se entienda algo, pero, como los motivos no son la excelencia literaria, sigo con esta farsa. Esta, que se podrá leer como cuento, novela, o simplemente libreta de almacen por su incoherencia...
El hecho es que la rubia subió, y pudiendo elegir entre un par de asientos disponibles, se sentó en el que estaba al lado mío; yo que había estado la media hora anterior de viaje pensando que sería interesante vivir la experiencia ‘levante en un transporte público’ pensé (en los dos o tres segundos que tardó en llegar), qué podía decirle si se sentaba al lado. Tenía que ser algo desubicado, que roce lo poético pero sin disimular la estupidez, y así fue. El rebote iba a ser inevitable, así que mejor tirarle una frase ridícula que me excusara. Por otro lado, iba a ser más divertido, porque tenía menos ganas de hablar que de escribir:
Ahora bien, entrando de lleno en el cuerpo, debo advertir que las circunstancias me obligan a jugar con los tiempos verbales, a ir al pasado y volver al presente, a narrar de adelante para atrás, cosa que no se hacer, por lo tanto, dudo se entienda algo, pero, como los motivos no son la excelencia literaria, sigo con esta farsa. Esta, que se podrá leer como cuento, novela, o simplemente libreta de almacen por su incoherencia...
El hecho es que la rubia subió, y pudiendo elegir entre un par de asientos disponibles, se sentó en el que estaba al lado mío; yo que había estado la media hora anterior de viaje pensando que sería interesante vivir la experiencia ‘levante en un transporte público’ pensé (en los dos o tres segundos que tardó en llegar), qué podía decirle si se sentaba al lado. Tenía que ser algo desubicado, que roce lo poético pero sin disimular la estupidez, y así fue. El rebote iba a ser inevitable, así que mejor tirarle una frase ridícula que me excusara. Por otro lado, iba a ser más divertido, porque tenía menos ganas de hablar que de escribir:
-¿Te parece, ir conversando con un desconocido, en vez de cerrarte en la música de ese aparato (mp3)?
-(con sorpresa y frialdad profesional) No gracias…
Después de poner cara de ‘tengo todo bajo control’ abrí el cuaderno, y empecé a garabatear unas líneas. La línea más importante, era el título, grande, remarcado, y ahí, empezaba todo. Eso era lo importante, el resto eran líneas de relleno, que buscaban que lo predicho en el título se cumpliera.
Aclaro: lo grande del título era notable, exagerando, como para que lo vieran del asiento del fondo, asi que imaginese señora...
Entonces, comparando con un partido de fútbol: ya había probado pegarle de afuera del área, pero evidentemente pegué con zurda siendo diestro, y la mandé ahí donde el diablo perdió el poncho. Siguiendo con la analogía futbolera: ahora, había que hacer tiempo. De eso se trataba.
De repente en una mirada fugaz (para compensar las miradas de ella a eso que yo escribía tan convencido) veo que de su cartera se asomaba en forma de libro, la cara de un cantautor chileno, de la época de sangre y bombas en Latinoamérica, era Víctor Jara. Este detalle no era menor, primero porque supuse que le gustaba la literatura (y eso era interesante) pero además porque me hizo acordar que este muchacho también había dejado una obra inconclusa, aunque no por su voluntad, sino por una bota militar. Trate de recordar los últimos versos de ese poema:
Entonces, comparando con un partido de fútbol: ya había probado pegarle de afuera del área, pero evidentemente pegué con zurda siendo diestro, y la mandé ahí donde el diablo perdió el poncho. Siguiendo con la analogía futbolera: ahora, había que hacer tiempo. De eso se trataba.
De repente en una mirada fugaz (para compensar las miradas de ella a eso que yo escribía tan convencido) veo que de su cartera se asomaba en forma de libro, la cara de un cantautor chileno, de la época de sangre y bombas en Latinoamérica, era Víctor Jara. Este detalle no era menor, primero porque supuse que le gustaba la literatura (y eso era interesante) pero además porque me hizo acordar que este muchacho también había dejado una obra inconclusa, aunque no por su voluntad, sino por una bota militar. Trate de recordar los últimos versos de ese poema:
Canto, qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
…
Lo que veo nunca vi.
…
Lo que veo nunca vi.
Lo que he sentido y que siento
hará brotar el momento...
-Perdona… (dijo de pronto, se habia sacado los auriculares), estuve muy ‘mala onda’ recién…
-¿Eh?
-No nada… eso, vos con la mejor onda y yo re asquerosa…
-Ah, no pasa nada, no hay drama…
-¿Escribís?
-Perdona… (dijo de pronto, se habia sacado los auriculares), estuve muy ‘mala onda’ recién…
-¿Eh?
-No nada… eso, vos con la mejor onda y yo re asquerosa…
-Ah, no pasa nada, no hay drama…
-¿Escribís?
-No, no tanto, anoto nomás (risas); dame un minuto que redondeo una idea…
lunes, 16 de junio de 2008
Mostrando la Hilacha
Cuando unos meses atrás hablé metafóricamente de ‘no mezclar la paja con el trigo’, me refería a hechos que se ven con claridad por estos días, y podría decir por estas horas (8:20 PM, en la cúspide del cacerolazo convocado)
Evidentemente hay mucha gente que no entendió el espíritu de esta convocatoria, un sector de gente que se esconde detrás del apoyo al campo y en verdad lo único que les importa es que se vaya el gobierno de turno. El problema, es que (quiero creer) este grupo es una minoría, pero son los primeros que salen en cámara a decir ‘¡que se vayan!, ¡que se vayan!’ y esto le da pie al gobierno para identificar al discutible pero justo reclamo agrario, con un intento de golpe cívico. Así, el gobierno que poco le cuesta ver fantasmas por todos lados, encuentra la excusa perfecta y se cierra al diálogo con el argumento de ‘no vamos a dialogar con golpistas’. Estas declaraciones no ayudan a la resolución del problema, ni a la continuidad institucional.
Me gustaría que estas movilizaciones surjan con la consigna de ‘si al diálogo’ en vez de ‘estamos con el campo’, porque, veámoslo de la siguiente manera: el pueblo en democracia es soberano, por lo tanto tiene el poder, en este caso de dirimir un conflicto entre un sector y el gobierno elegido. Entonces, se me ocurre, no esta bien que ese pueblo sea a la vez juez y parte.
Me permito pensar, que muchos de los que hoy dicen “Que se vayan”, no dudarían en ‘ir a golpear la puerta a los cuarteles’ de ser posible; y eso hoy por hoy, (viniendo de un pueblo que vivió una dictadura de las más crueles de Latinoamérica) despierta en mi, por lo menos, preocupación.
Si nos ponemos en la fiscalía del universo y nos acostumbramos a decir ‘no sirven, que se vayan’, nos estamos equivocando en cuanto a lo que la democracia significa. Me parece más prudente, útil y sensato exigir a nuestros dirigentes excelencia en el cumplimiento de las funciones; es decir, exigir que hagan las cosas bien, que gobiernen para todos en vez de tratar de imponer un modelo rescatado del cajón de los setenta, condimentado en esa época con un poco de guevarismo y peronismo (una mezcla fatal por cierto) Acordémonos que en una democracia, la forma de sacarse a un gobernante inútil, es por medio de las urnas, y no otra.
Ahora, ya que me pongo a pedir como nene en carta a reyes magos, también sería bueno que se aceiten los mecanismos que hacen de ésta una democracia indirecta, me refiero a la iniciativa popular y la consulta popular, para ciertos temas.
Sería bueno también, que no transfieran el odio y la lucha de clases o de partidos a las generaciones jóvenes que no tenemos nada que ver con eso, que intentamos creer en la democracia, ‘que crecimos después de la caída del muro’. No nos obliguen a odiarnos por rencores de una generación precedente. Porque todo esto ya excedió los límites económicos y están aflorando las eternas divisiones argentinas. Así damos crédito, por ejemplo, a las afirmaciones de Enrique Pinti cuando en uno de sus monólogos decía ‘Somos la sucursal del túnel del tiempo’.
Evidentemente hay mucha gente que no entendió el espíritu de esta convocatoria, un sector de gente que se esconde detrás del apoyo al campo y en verdad lo único que les importa es que se vaya el gobierno de turno. El problema, es que (quiero creer) este grupo es una minoría, pero son los primeros que salen en cámara a decir ‘¡que se vayan!, ¡que se vayan!’ y esto le da pie al gobierno para identificar al discutible pero justo reclamo agrario, con un intento de golpe cívico. Así, el gobierno que poco le cuesta ver fantasmas por todos lados, encuentra la excusa perfecta y se cierra al diálogo con el argumento de ‘no vamos a dialogar con golpistas’. Estas declaraciones no ayudan a la resolución del problema, ni a la continuidad institucional.
Me gustaría que estas movilizaciones surjan con la consigna de ‘si al diálogo’ en vez de ‘estamos con el campo’, porque, veámoslo de la siguiente manera: el pueblo en democracia es soberano, por lo tanto tiene el poder, en este caso de dirimir un conflicto entre un sector y el gobierno elegido. Entonces, se me ocurre, no esta bien que ese pueblo sea a la vez juez y parte.
Me permito pensar, que muchos de los que hoy dicen “Que se vayan”, no dudarían en ‘ir a golpear la puerta a los cuarteles’ de ser posible; y eso hoy por hoy, (viniendo de un pueblo que vivió una dictadura de las más crueles de Latinoamérica) despierta en mi, por lo menos, preocupación.
Si nos ponemos en la fiscalía del universo y nos acostumbramos a decir ‘no sirven, que se vayan’, nos estamos equivocando en cuanto a lo que la democracia significa. Me parece más prudente, útil y sensato exigir a nuestros dirigentes excelencia en el cumplimiento de las funciones; es decir, exigir que hagan las cosas bien, que gobiernen para todos en vez de tratar de imponer un modelo rescatado del cajón de los setenta, condimentado en esa época con un poco de guevarismo y peronismo (una mezcla fatal por cierto) Acordémonos que en una democracia, la forma de sacarse a un gobernante inútil, es por medio de las urnas, y no otra.
Ahora, ya que me pongo a pedir como nene en carta a reyes magos, también sería bueno que se aceiten los mecanismos que hacen de ésta una democracia indirecta, me refiero a la iniciativa popular y la consulta popular, para ciertos temas.
Sería bueno también, que no transfieran el odio y la lucha de clases o de partidos a las generaciones jóvenes que no tenemos nada que ver con eso, que intentamos creer en la democracia, ‘que crecimos después de la caída del muro’. No nos obliguen a odiarnos por rencores de una generación precedente. Porque todo esto ya excedió los límites económicos y están aflorando las eternas divisiones argentinas. Así damos crédito, por ejemplo, a las afirmaciones de Enrique Pinti cuando en uno de sus monólogos decía ‘Somos la sucursal del túnel del tiempo’.
domingo, 15 de junio de 2008
No me lo cuentes!
Desde hace un tiempo, vengo leyendo novelas con una pésima costumbre que no puedo evitar: consiste en ojear las últimas dos o tres palabras del útlimo capítulo, y después sigo por donde habia dejado, entonces leo cosas como "...que hubiera ninguna diferencia", o "negro como el carbón", por ejemplo... estas palabras a primera vista no dicen nada, como es lógico, pero cuando voy llegando al final, cuando me voy acercando a esas frases finales después de haber transitado todo el texto, en esos instantes me doy cuenta de todo.. lo pretérito se asocia con ese futuro inminente, y es una sensación rara...
Ahora bien, si esto fuera un delirio literario, no pasaría a mayores. El problema se da cuando se asocia estas situaciones con la vida en general; entonces me doy cuenta que en la vida pasa exactamente eso... todos sabemos el final, indiscutiblemente, pero no lo entendemos, es una da las incógnitas más grandes del ser humano... y entonces sospecho que cuando estemos llegando a los últimos párrafos de esta novela que vamos escribiendo, se va a producir esa asociación inevitable, y vamos a entender el porque de esas útlimas palabras, que ya conocíamos.
Y, como suele pasar, los conocimientos llegan cuando su utilidad ya caducó hace unos años...
Un ejemplo burgués: uno a los 15 años se muere por tener 21, para tener el auto propio y salir a cualquier lado, sin depender de nadie... pero a los 21, sabés que salir en el auto a donde se te de la gana, no es lo mismo que hacerlo con 15 años, se pierde energia y vitalidad en el camino... aunque aparecen otras variables, posiblemente mejores.
Ahora bien, si esto fuera un delirio literario, no pasaría a mayores. El problema se da cuando se asocia estas situaciones con la vida en general; entonces me doy cuenta que en la vida pasa exactamente eso... todos sabemos el final, indiscutiblemente, pero no lo entendemos, es una da las incógnitas más grandes del ser humano... y entonces sospecho que cuando estemos llegando a los últimos párrafos de esta novela que vamos escribiendo, se va a producir esa asociación inevitable, y vamos a entender el porque de esas útlimas palabras, que ya conocíamos.
Y, como suele pasar, los conocimientos llegan cuando su utilidad ya caducó hace unos años...
Un ejemplo burgués: uno a los 15 años se muere por tener 21, para tener el auto propio y salir a cualquier lado, sin depender de nadie... pero a los 21, sabés que salir en el auto a donde se te de la gana, no es lo mismo que hacerlo con 15 años, se pierde energia y vitalidad en el camino... aunque aparecen otras variables, posiblemente mejores.
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jueves, 12 de junio de 2008
Una bota pateando el tablero de ajedrez...
Una bota pateando el tablero…
“Armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores…”
“Porque esta vida no es -como probaros espero-, mas que un difuso tablero de complicado ajedrez.”
Estos versos de Borges y Khayyám, y sugieren que la vida se desarrolla más o menos como un gran juego de ajedrez, y viendo los acontecimientos que se suceden en el país, hay motivos suficientes para dar crédito a tales afirmaciones. El ya conocido tema del enfrentamiento del campo y el gobierno, sin ir mas lejos, se desarrolla como una partida de ajedrez, pero con algunas variantes.
Hay dos bandos, dos colores, fichas blancas por un lado, fichas negras por el otro...
Hay un rey que manda pero limitado en sus movimientos, hay una reina con la mayor libertad de movimiento posible, hay alfiles que salen al cruce, caballos que saltan por sobre las piezas, y peones que avanzan y no pueden retroceder.
Difuso y complicado el tablero, como lo describe Omar Khayyám.
Si se sigue este juego que es la vida, respetando las reglas de aquel que es el Ajedrez, puede haber problemas, porque en el ajedrez los peones no pueden retroceder casilleros, y hay una obligación de pertenecer a un bando o al otro, y las piezas tienen valor y sirve sacrificarlas para alcanzar el triunfo.
En este caso, no sirve que nos intenten hacer pertenecer a uno de los dos bandos, pues nadie tiene la verdad absoluta. No sirve que las partes no puedan retroceder casilleros, porque con orgullo y prepotencia, no llegamos a nada. Lo de sacrificar piezas, bueno, en la política argentina es difícil que no suceda, pero esa es otra historia.
Sería bueno que pateemos el tablero de ajedrez, que ambos bandos den un paso atrás, que haya diálogo razonable, entendiendo las razones de ambos, y que no obliguen a la gente a “estar con ellos o estar con nosotros”. Además tratemos de no hablar porque el aire es gratis, porque ahora resulta que todos sabemos de micro y macroeconomía; quiero decir, opinar se puede opinar, pero no demos por verdades absolutas opiniones de quienes no son especialistas en economía, dejemos que el tema lo resuelvan los especialistas, pero también exijamos que se sienten a resolverlo. Este punto es importante: pienso que como pueblo, dueños del poder y del gobierno, según lo que significa la palabra democracia, lo que tenemos que hacer no es tomar partida por un bando o por otro absolutamente, ni en este ni en otro tema; lo que tenemos que hacer es exigir (no ‘pedir’) que se resuelvan los problemas, que intervengan los especialistas, que se llame al diálogo sensato.
Por otro lado, es común ver la leyenda ‘Estamos con el campo’, esta bien, es una posición; pero pregunto: ¿Vieron algún cartel que rece “Estamos con los Jubilados”, o en su momento “Estamos con los docentes”, por ejemplo?
No estoy sugiriendo nada polémico, pero me pregunto porque estamos con unos y no con otros, si argentinos somos todos.
“Armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores…”
“Porque esta vida no es -como probaros espero-, mas que un difuso tablero de complicado ajedrez.”
Estos versos de Borges y Khayyám, y sugieren que la vida se desarrolla más o menos como un gran juego de ajedrez, y viendo los acontecimientos que se suceden en el país, hay motivos suficientes para dar crédito a tales afirmaciones. El ya conocido tema del enfrentamiento del campo y el gobierno, sin ir mas lejos, se desarrolla como una partida de ajedrez, pero con algunas variantes.
Hay dos bandos, dos colores, fichas blancas por un lado, fichas negras por el otro...
Hay un rey que manda pero limitado en sus movimientos, hay una reina con la mayor libertad de movimiento posible, hay alfiles que salen al cruce, caballos que saltan por sobre las piezas, y peones que avanzan y no pueden retroceder.
Difuso y complicado el tablero, como lo describe Omar Khayyám.
Si se sigue este juego que es la vida, respetando las reglas de aquel que es el Ajedrez, puede haber problemas, porque en el ajedrez los peones no pueden retroceder casilleros, y hay una obligación de pertenecer a un bando o al otro, y las piezas tienen valor y sirve sacrificarlas para alcanzar el triunfo.
En este caso, no sirve que nos intenten hacer pertenecer a uno de los dos bandos, pues nadie tiene la verdad absoluta. No sirve que las partes no puedan retroceder casilleros, porque con orgullo y prepotencia, no llegamos a nada. Lo de sacrificar piezas, bueno, en la política argentina es difícil que no suceda, pero esa es otra historia.
Sería bueno que pateemos el tablero de ajedrez, que ambos bandos den un paso atrás, que haya diálogo razonable, entendiendo las razones de ambos, y que no obliguen a la gente a “estar con ellos o estar con nosotros”. Además tratemos de no hablar porque el aire es gratis, porque ahora resulta que todos sabemos de micro y macroeconomía; quiero decir, opinar se puede opinar, pero no demos por verdades absolutas opiniones de quienes no son especialistas en economía, dejemos que el tema lo resuelvan los especialistas, pero también exijamos que se sienten a resolverlo. Este punto es importante: pienso que como pueblo, dueños del poder y del gobierno, según lo que significa la palabra democracia, lo que tenemos que hacer no es tomar partida por un bando o por otro absolutamente, ni en este ni en otro tema; lo que tenemos que hacer es exigir (no ‘pedir’) que se resuelvan los problemas, que intervengan los especialistas, que se llame al diálogo sensato.
Por otro lado, es común ver la leyenda ‘Estamos con el campo’, esta bien, es una posición; pero pregunto: ¿Vieron algún cartel que rece “Estamos con los Jubilados”, o en su momento “Estamos con los docentes”, por ejemplo?
No estoy sugiriendo nada polémico, pero me pregunto porque estamos con unos y no con otros, si argentinos somos todos.
Humo sobre el agua
(Publicado en abril de 2008)
...
El humo se ha vuelto un tema muy de moda en las últimas semanas, por motivos que todos conocemos.
No obstante, el humo al que me refiero viene de unos cuantos años atrás, de un incendio político, social, y económico al que se vio sometido el país. Estoy hablando, claro, de los horrores de fines de los años 70 y principios de los 80. A continuación no voy a escribir comentarios en Pro de ninguna de las facciones en que se dividió al país, ya que el tema es muy cuestionable, imposible de plasmar en una carta de lectores; lo que si voy a escribir es una humilde reflexión, de un joven de 20 años.
Desde los años en que empecé a tener noción de ciudadano, he visto pasar algunos conflictos sociales en el país, algunos políticos, algunos económicos cada uno con sus causas y consecuencias.
Lo curioso, es que detrás de cada conflicto siempre se escondía, y se esconde, una nota al pie que recomienda “ver crisis de los años ‘70”, aunque quizá sean delirios míos…
En ningún momento queda afuera la eterna división argentina, que se arrastra de años pretéritos a los 70, pero que se solidificó en esos años; alguna vez fue ‘peronistas’ contra ‘gorilas’, otras veces fue ‘zurdos’ contra ‘fachos’, etc. Esta dicotomía se pone de manifiesto mezclándose en algún conflicto social.
Da bronca e incluso miedo que en cada ámbito de expresión social y popular se infiltren los comentarios filosos y extremistas de personajes como D’Elia, como Cecilia Pando que vienen cargados de rencores (por nombrar dos de una extensa lista, elegidos al azar, desconociendo su relevancia ideológica y política)
Pero bueno apartándonos un poco de lo concreto, me gustaría expresar una opinión:
Pienso que deberíamos estar atentos a todo humo que pueda colarse por las hendiduras de las puertas democráticas; pienso que la generación que dirige al país por estos años tendría que cuidarse de la manifestación de sus rencores y odios, porque lo que van a conseguir es que las generaciones jóvenes ‘mamemos’ todo ese odio y rencor, y nos dividamos por fracasos que no nos son propios. Y si, pienso que fue un fracaso social, como otros que enfrentamos hoy, y cargaremos en el futuro.
Seguramente el lector apresurado ya afila los dientes para atacarme: los de un lado me dirán ‘nos animamos a hacer la revolución, vos no sabés nada’, los del otro lado dirán ‘salvamos al país de las miserias del comunismo, vos no sabés nada’ y otras cosas. Y tendrán razón, no se nada.
No se confundan.
Con esto intento no tomar partido por ningún bando, no compro ideologías rígidas y trato de ser objetivo. Para dejar clara mi posición respecto a ese período histórico harían falta muchas líneas más.
El foco no esta en lo que pasó en aquellos años. No estoy hablando de ‘el pasado pisado’, de olvido e impunidad, eso nunca.
El foco está en los efectos que puede tener los desbordes de los comentarios (y la peligrosa influencia de los mismos) de ciertos personajes públicos que relacionan todo hecho social con los años ’70. Porque un mensaje malinterpretado puede traer muchos problemas y “malos interpretes” hay muchos. No necesitamos estos personajes patéticos, para hacer justicia.
Justicia tiene que haber, memoria tiene que haber, sin duda.
Estaría bueno que no pretendan encajar a toda la sociedad en las filas de dos ejércitos nacidos del extremismo y la irracionalidad, porque en estas guerras ‘los muertos los pone el pueblo’, que no esta en los extremos.
Sería bueno separar la paja del trigo, no sea que este se queme, y aquella sobreviva. No sea cosa que siga el humo. Lejos de mis intenciones esta herir la sensibilidad de las personas afectadas por los horrores de la dictadura y pido perdón si en alguna línea lo hice, posiblemente me cueste ser breve y claro.
...
El humo se ha vuelto un tema muy de moda en las últimas semanas, por motivos que todos conocemos.
No obstante, el humo al que me refiero viene de unos cuantos años atrás, de un incendio político, social, y económico al que se vio sometido el país. Estoy hablando, claro, de los horrores de fines de los años 70 y principios de los 80. A continuación no voy a escribir comentarios en Pro de ninguna de las facciones en que se dividió al país, ya que el tema es muy cuestionable, imposible de plasmar en una carta de lectores; lo que si voy a escribir es una humilde reflexión, de un joven de 20 años.
Desde los años en que empecé a tener noción de ciudadano, he visto pasar algunos conflictos sociales en el país, algunos políticos, algunos económicos cada uno con sus causas y consecuencias.
Lo curioso, es que detrás de cada conflicto siempre se escondía, y se esconde, una nota al pie que recomienda “ver crisis de los años ‘70”, aunque quizá sean delirios míos…
En ningún momento queda afuera la eterna división argentina, que se arrastra de años pretéritos a los 70, pero que se solidificó en esos años; alguna vez fue ‘peronistas’ contra ‘gorilas’, otras veces fue ‘zurdos’ contra ‘fachos’, etc. Esta dicotomía se pone de manifiesto mezclándose en algún conflicto social.
Da bronca e incluso miedo que en cada ámbito de expresión social y popular se infiltren los comentarios filosos y extremistas de personajes como D’Elia, como Cecilia Pando que vienen cargados de rencores (por nombrar dos de una extensa lista, elegidos al azar, desconociendo su relevancia ideológica y política)
Pero bueno apartándonos un poco de lo concreto, me gustaría expresar una opinión:
Pienso que deberíamos estar atentos a todo humo que pueda colarse por las hendiduras de las puertas democráticas; pienso que la generación que dirige al país por estos años tendría que cuidarse de la manifestación de sus rencores y odios, porque lo que van a conseguir es que las generaciones jóvenes ‘mamemos’ todo ese odio y rencor, y nos dividamos por fracasos que no nos son propios. Y si, pienso que fue un fracaso social, como otros que enfrentamos hoy, y cargaremos en el futuro.
Seguramente el lector apresurado ya afila los dientes para atacarme: los de un lado me dirán ‘nos animamos a hacer la revolución, vos no sabés nada’, los del otro lado dirán ‘salvamos al país de las miserias del comunismo, vos no sabés nada’ y otras cosas. Y tendrán razón, no se nada.
No se confundan.
Con esto intento no tomar partido por ningún bando, no compro ideologías rígidas y trato de ser objetivo. Para dejar clara mi posición respecto a ese período histórico harían falta muchas líneas más.
El foco no esta en lo que pasó en aquellos años. No estoy hablando de ‘el pasado pisado’, de olvido e impunidad, eso nunca.
El foco está en los efectos que puede tener los desbordes de los comentarios (y la peligrosa influencia de los mismos) de ciertos personajes públicos que relacionan todo hecho social con los años ’70. Porque un mensaje malinterpretado puede traer muchos problemas y “malos interpretes” hay muchos. No necesitamos estos personajes patéticos, para hacer justicia.
Justicia tiene que haber, memoria tiene que haber, sin duda.
Estaría bueno que no pretendan encajar a toda la sociedad en las filas de dos ejércitos nacidos del extremismo y la irracionalidad, porque en estas guerras ‘los muertos los pone el pueblo’, que no esta en los extremos.
Sería bueno separar la paja del trigo, no sea que este se queme, y aquella sobreviva. No sea cosa que siga el humo. Lejos de mis intenciones esta herir la sensibilidad de las personas afectadas por los horrores de la dictadura y pido perdón si en alguna línea lo hice, posiblemente me cueste ser breve y claro.
A falta de prólogo...
Buenas, esta es mi breve presentación...
Soy MarKy, de la curiosa ciudad de Lobos... y todos esos datos que aburren
Vamos a ver q pasa, si podemos convertir este espacio en algo interesante.
Pasando por ámbitos de filosofía barata de cafetín, poesía no propia, y alguna otra rama del arte, buscando expresar quien sabe que...
un saludoooo
que anden bien!
Soy MarKy, de la curiosa ciudad de Lobos... y todos esos datos que aburren
Vamos a ver q pasa, si podemos convertir este espacio en algo interesante.
Pasando por ámbitos de filosofía barata de cafetín, poesía no propia, y alguna otra rama del arte, buscando expresar quien sabe que...
un saludoooo
que anden bien!
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