domingo, 15 de junio de 2008

No me lo cuentes!

Desde hace un tiempo, vengo leyendo novelas con una pésima costumbre que no puedo evitar: consiste en ojear las últimas dos o tres palabras del útlimo capítulo, y después sigo por donde habia dejado, entonces leo cosas como "...que hubiera ninguna diferencia", o "negro como el carbón", por ejemplo... estas palabras a primera vista no dicen nada, como es lógico, pero cuando voy llegando al final, cuando me voy acercando a esas frases finales después de haber transitado todo el texto, en esos instantes me doy cuenta de todo.. lo pretérito se asocia con ese futuro inminente, y es una sensación rara...
Ahora bien, si esto fuera un delirio literario, no pasaría a mayores. El problema se da cuando se asocia estas situaciones con la vida en general; entonces me doy cuenta que en la vida pasa exactamente eso... todos sabemos el final, indiscutiblemente, pero no lo entendemos, es una da las incógnitas más grandes del ser humano... y entonces sospecho que cuando estemos llegando a los últimos párrafos de esta novela que vamos escribiendo, se va a producir esa asociación inevitable, y vamos a entender el porque de esas útlimas palabras, que ya conocíamos.
Y, como suele pasar, los conocimientos llegan cuando su utilidad ya caducó hace unos años...

Un ejemplo burgués: uno a los 15 años se muere por tener 21, para tener el auto propio y salir a cualquier lado, sin depender de nadie... pero a los 21, sabés que salir en el auto a donde se te de la gana, no es lo mismo que hacerlo con 15 años, se pierde energia y vitalidad en el camino... aunque aparecen otras variables, posiblemente mejores.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Boluuu te hiciste un blog jeje vi el link y me mande, zarpada reflexion marce, y es una gran verdad..nos vemos un abrazo