Cuando unos meses atrás hablé metafóricamente de ‘no mezclar la paja con el trigo’, me refería a hechos que se ven con claridad por estos días, y podría decir por estas horas (8:20 PM, en la cúspide del cacerolazo convocado)
Evidentemente hay mucha gente que no entendió el espíritu de esta convocatoria, un sector de gente que se esconde detrás del apoyo al campo y en verdad lo único que les importa es que se vaya el gobierno de turno. El problema, es que (quiero creer) este grupo es una minoría, pero son los primeros que salen en cámara a decir ‘¡que se vayan!, ¡que se vayan!’ y esto le da pie al gobierno para identificar al discutible pero justo reclamo agrario, con un intento de golpe cívico. Así, el gobierno que poco le cuesta ver fantasmas por todos lados, encuentra la excusa perfecta y se cierra al diálogo con el argumento de ‘no vamos a dialogar con golpistas’. Estas declaraciones no ayudan a la resolución del problema, ni a la continuidad institucional.
Me gustaría que estas movilizaciones surjan con la consigna de ‘si al diálogo’ en vez de ‘estamos con el campo’, porque, veámoslo de la siguiente manera: el pueblo en democracia es soberano, por lo tanto tiene el poder, en este caso de dirimir un conflicto entre un sector y el gobierno elegido. Entonces, se me ocurre, no esta bien que ese pueblo sea a la vez juez y parte.
Me permito pensar, que muchos de los que hoy dicen “Que se vayan”, no dudarían en ‘ir a golpear la puerta a los cuarteles’ de ser posible; y eso hoy por hoy, (viniendo de un pueblo que vivió una dictadura de las más crueles de Latinoamérica) despierta en mi, por lo menos, preocupación.
Si nos ponemos en la fiscalía del universo y nos acostumbramos a decir ‘no sirven, que se vayan’, nos estamos equivocando en cuanto a lo que la democracia significa. Me parece más prudente, útil y sensato exigir a nuestros dirigentes excelencia en el cumplimiento de las funciones; es decir, exigir que hagan las cosas bien, que gobiernen para todos en vez de tratar de imponer un modelo rescatado del cajón de los setenta, condimentado en esa época con un poco de guevarismo y peronismo (una mezcla fatal por cierto) Acordémonos que en una democracia, la forma de sacarse a un gobernante inútil, es por medio de las urnas, y no otra.
Ahora, ya que me pongo a pedir como nene en carta a reyes magos, también sería bueno que se aceiten los mecanismos que hacen de ésta una democracia indirecta, me refiero a la iniciativa popular y la consulta popular, para ciertos temas.
Sería bueno también, que no transfieran el odio y la lucha de clases o de partidos a las generaciones jóvenes que no tenemos nada que ver con eso, que intentamos creer en la democracia, ‘que crecimos después de la caída del muro’. No nos obliguen a odiarnos por rencores de una generación precedente. Porque todo esto ya excedió los límites económicos y están aflorando las eternas divisiones argentinas. Así damos crédito, por ejemplo, a las afirmaciones de Enrique Pinti cuando en uno de sus monólogos decía ‘Somos la sucursal del túnel del tiempo’.
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lunes, 16 de junio de 2008
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