jueves, 23 de octubre de 2008
.:: El Ruiseñor y la Rosa ::. (Oscar Wilde)
Desde su nido de la encina oyole el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.
-¡No hay una sola rosa roja en todo mi jardín! -gritaba el estudiante.
Y sus bellos ojos se llenaban de lágrimas.
-¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído todo cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosofía y tengo que ver mi vida destrozada por falta de una rosa roja.
-He aquí por fin el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Le he cantado todas las noches, aun sin conocerle; todas las noches repito su historia a las estrellas, y ahora le veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha tornado su rostro pálido como el marfil y la pena le ha marcado en la frente con su sello.
-El príncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi adorada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos. Reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosas rojas en mi jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará caso ninguno. No se fiará en mí para nada y mi corazón se desgarrará.
-He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí, para él es pena. Realmente el amor es una cosa maravillosa: es más precioso que las esmeraldas y más caro que los finos ópalos. Perlas y granates no pueden pagarle porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor, ni pesarlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.
-Los músicos estarán en su estrado -decía el joven estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerdas y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo, y los cortesanos con sus alegres atavíos la rodearán solícitos; pero conmigo no bailará porque no tengo rosas rojas que darle.
Y dejándose caer sobre el césped, hundía su cara en sus manos y lloraba.
-¿Por qué lloras? -preguntaba una lagartija verde correteando cerca de él con su cola levantada.
-Sí, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol.
-Eso es, ¿por qué? -murmuró una margarita a su vecina, con una dulce vocecilla.
-Llora por una rosa roja.
-¿Por una rosa roja? ¡Qué ridiculez!
Y la lagartija, que era algo cínica, se echó a reír con todas sus ganas.
Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando en el misterio del amor.
De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo.
Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra atravesó el jardín.
En el centro del parterre se levantaba un hermoso rosal, y al verle voló hacia él y se posó sobre una ramita.
-Dame una rosa roja -le gritó- y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal sacudió su cabeza.
-Mis rosas son blancas -contestó-, blancas como la espuma del mar, más blancas que la nieve en la montaña. Pero ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá él te dé lo que pides.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía en torno del viejo reloj de sol.
-Dame una rosa roja -le gritó- y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal sacudió su cabeza.
-Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de árbol, más amarillas que el narciso que florece en los prados, antes de que llegue el segador con su hoz. Pero ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante y quizá él te dé lo que pides.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.
-Dame una rosa roja -le gritó- y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el arbusto sacudió su cabeza.
-Mis rosas son rojas -respondió-, tan rojas como las patas de las palomas, más rojas que los grandes abanicos de coral que el océano mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, las heladas han marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas, y no tendré ya rosas en todo este año.
-No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-, una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?
-Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.
-Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy asustadizo.
-Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal-, tienes que hacerla con notas de música, al claro de luna, y teñirla con la sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí, con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.
-La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor- y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Dulce es el olor de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?
Entonces desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el jardín como una sombra y como una sombra cruzó el bosque.
El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped, allí donde el ruiseñor le dejó, y las lágrimas no se habían secado aún en sus bellos ojos.
-Sed feliz -le gritó el ruiseñor-, sed feliz; tendréis vuestra rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que os pido en cambio es que seáis un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta lo sea. Y más fuerte que el poder, aunque éste también lo sea. Sus alas son color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y su aliento es como el incienso.
El estudiante levantó los ojos del césped y prestó atención; pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues únicamente sabía las cosas que están escritas en los libros.
Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al ruiseñorcito que había construido el nido en sus ramas.
-Cántame la última canción -murmuró-. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas!
Entonces el ruiseñor cantó para la encina; y su voz era como el agua reidora de una fuente argentina.
Al terminar su canción, el estudiante se levantó, sacando al mismo tiempo su cuadernito de notas y su lápiz de bolsillo.
-El ruiseñor -se decía paseándose por la alameda-, el ruiseñor posee una belleza innegable, ¿pero siente? Me temo que no. Después de todo, es como muchos artistas, todo estilo sin nada de sinceridad. No se sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y en el arte; como todo el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente, no puede negarse que su voz tiene notas muy bellas. ¡Qué lástima que todo eso no tenga sentido alguno, que no persiga ningún fin práctico!
Y volviendo a su habitación se acostó sobre su jergoncito y se puso a pensar en su adorada.
Al poco rato se durmió.
Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.
Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas; y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.
Cantó durante toda la noche y las espinas penetraron cada vez más en su pecho y la sangre de su vida fluía de su pecho.
Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una muchacha; y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.
Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.
La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal, parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un lago.
Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, pequeño ruiseñor -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada. Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y su canto fluyó más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una virgen.
Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida.
Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco; porque sólo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.
Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, pequeño ruiseñor -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada. Entonces el ruiseñor se apretó aún más contra las espinas, y las espinas tocaron su corazón y él sintió en su interior un cruel tormento de dolor.
Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimizado por la muerte, el amor que no acaba en la tumba.
Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón.
Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.
Su canto se fue debilitando cada vez más. Sintió que algo se ahogaba en la garganta.
Entonces su canto tuvo un último fulgor. La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.
La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío de la mañana. El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos.
El canto flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar.
-Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.
Pero el ruiseñor no respondió: yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.
A mediodía el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.
-¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una rosa roja! No he visto una rosa semejante en toda mi vida. Es tan bella, que estoy seguro de que debe tener en latín un nombre enrevesado.
E inclinándose, la cogió.
En seguida se puso el sombrero y corrió a casa del profesor con su rosa en la mano.
La hija del profesor estaba sentada a la puerta. Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.
-Dijisteis que bailaríais conmigo si os traía una rosa roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderéis cerca de vuestro corazón, y cuando bailemos juntos, ella os dirá lo mucho que os amo.
Pero la joven frunció las cejas.
-Temo que esta rosa no se armonice bien con mi vestido -respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.
-¡Oh, a fe mía que sois una ingrata! -dijo el estudiante lleno de cólera.
Y tiró la rosa al arroyo. Un pesado carro la aplastó.
-¡Ingrato! -dijo la joven-. Os diré que os portáis como un grosero, y después de todo, ¿qué sois? Un simple estudiante. ¡Bah! No creo que podáis tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del chambelán.
Y levantándose de su silla, se metió en su casa. -¡Qué bobería es el amor! -se decía el estudiante a su regreso-. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no puede probar nada; habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica.
Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación, abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer.
lunes, 7 de julio de 2008
Espejos como portales…
Lo raro fue cuando, debatiéndome entre la vigilia y el sueño, me crucé con el espejo del baño. Si bien a esas horas y con esa escasa luz y lucidez de ideas siempre las cosas parecen más raras, esto era distinto. Había un curioso juego de luces y sombras que no se correspondía con la realidad. Grande fue mi sorpresa cuando levantando la manó derecha, vi como del otro lado hacían el mismo gesto, desentendiéndose de su función de espejo. Se suponía que el levantaría la mano izquierda.
Por las dudas, se me dio por hablarle, pero los labios de él no respetaron mi voluntad, no se movieron.
-¿Qué vendría a ser esto? – Pregunté.
-¿No te imaginás?
-Si si si, dejame adivinar, sos el ‘yo’ del otro lado del espejo.
-Adivinaste.
-¿Y que se supone que haces ahí? ¿No tendrías que estar haciendo lo mismo que yo?
-No se, ¿qué son los espejos para vos?
-Un pedazo de materia que por alguna propiedad refleja la luz y crea una imagen virtual de la figura que emite la luz…
-¿Si, pero vos creés en eso?
-Y, si fuera por mi creería que hay un universo paralelo, y que lo que llamamos espejos no son más que ventanas hacia el otro lado.
-Ahí me va gustando, no estas errado. ¿Y que pensás de tu pregunta?
-¿Qué pregunta?
-¿Por qué no estoy haciendo lo mismo que vos?
-Ah, si… y… no se, supongo que los muchachos de los sub-mundos están todos de huelga, entonces los de los sueños no tienen guión, los de los espejos se revelan y no imitan a sus representados… y así el resto.
-No. No es así. Solamente estamos interesados en que adviertas algunas cosas.
-Por ejemplo, ¿cuales?
-Por ejemplo que te enteres que eso que vos llamás ‘realidad’ no es más que una parte de un gran conjunto.
-Me gustaría creer en eso, pero no tengo pruebas.
-¿Y esto que estas viendo? ¿No es suficiente prueba?
-Supongo que estoy un poco loco y por eso pasan algunas cosas, y supongo que el monóxido de carbono de la estufa que no tiene salida de gases tiene que ver con todo esto.
-Así es difícil que el chancho chifle…
-¿Es verdad lo de la guerra?
-¿Qué guerra?
-Se dice que hace unos años, hubo una guerra entre tu mundo y el mío. Hasta entonces los espejos eran pasajes de un mundo a otro, en tiempos de paz. Pero un día, el trono de tu imperio cambio de dueño y se desató la guerra, y al cabo de unos años mi bando salió ganador y esa convivencia se rompió para siempre, y los del otro lado de los espejos quedaron condenados a imitar nuestros movimientos. Aunque escuche que están planeando de alguna manera una revolución…
-¿De donde sacaste eso?
-De ‘El Libro del Fantasma’, del Negro Dolina…
-Algo de eso hay, es una profecía cumplida (al menos en parte). Pero cometés un error importante…
-¿Cuál?
Efectivamente hubo una guerra, posterior a tiempos de paz, y efectivamente un bando perdió y estaba condenado a imitar, a seguir un libreto en tiempo real, sin posibilidad de ensayarlo previamente. Cada error en la representación se paga, de alguna manera.
-Si… más o menos lo mismo que dije yo…
-¿Te parece?
-¿A dónde querés llegar?
-¿No pensaste que los que están imitando, siguiendo un libreto en tiempo real y pagando errores son ustedes, los ‘reales’?
-¿Qué querés decir?
-¿Qué querés decir?- Dijo al unísono…
Entonces las sombras y las luces respetaron lo que proponía el sol invasor del amanecer, y todo volvió a ser lo que era, y yo no había dormido nada.
Aún con ese mensaje raro, con esa confirmación de la existencia del destino había un detalle en la profecía, que me decía que no todo estaba perdido.
domingo, 6 de julio de 2008
Con ese que fui en sueños.
-¿Cómo es que me veo a mi mismo en los sueños? se supone que soñamos en primera persona…
-No siempre, los sueños verdaderos son visiones de ustedes sobre nosotros…
-Si vos lo decís… ¿y por qué en este sueño no hay aventura, ni terror, ni persecuciones, ni Julietas, ni todas esas cosas?
-Porque no había guión, así que los funcionarios de la realidad onírica (de los sueños) me pidieron que haga este monólogo.
-Pero somos dos, sería un ‘biólogo’ (como han dicho los Les Luthiers)
-Somos dos y somos uno.
-¿Entonces?
-¿Qué es lo mejor de la vida?
-La sorpresa.
-Lo dudo.
-Dudar es cosa de sabios, la seguridad es peligrosa.
-¿Como puede ser la sorpresa lo mejor de la vida?
-¿Por qué no?
-Porque viéndolos a ustedes, me doy cuenta que gran parte de la vida es la rutina, y la rutina carece de sorpresa.
-Eso es lo bueno, la sorpresa aparece en un contexto, cuando hay algo cíclico e iterativo, como la rutina.
-¿Y como explicas que las mentes más brillantes dediquen tiempo y esfuerzo al control y la predicción? ¿No es eso la ciencia acaso?
-Si, de alguna manera la ciencia es eso, y es lógico. La rutina necesita control, la posibilidad de supervivencia es más lograda cuanto más acertada es la predicción.
-¿Entonces? Te contradecís…
-No, las mentes más brillantes no dejan de ser humanas, y por eso propensas al error. Aún así, no hay contradicción.
-Explicalo.
-La gracia de la sorpresa es que esté fuera de control, nadie invierte en controlar la sorpresa, y, por otro lado, nadie podría hacerlo.
-¿Y los adivinos, tarotistas, vendedores de elixires, futurólogos…?
-Chantas, los más. Iluminados por la suerte, el resto. De cualquier manera son los aguafiestas de la vida, grises y mediocres funcionarios del destino.
-¿Y la muerte, cuando llega de sorpresa?
-Eso es un juego de palabras, nunca llega por sorpresa. No hay nada más seguro y cierto que la muerte. Yo difícilmente pueda predecir la caída del dólar, pero sin dificultad puedo predecir la muerte de un fulano.
-Si eso si, pero a lo que iba, es a que no toda sorpresa es grata.
-Seguramente. Hay sorpresas y sorpresas.
-¿Entonces como puede ser lo mejor de la vida la sorpresa?
-Porque supongo que las sorpresas implican una decisión, una decisión importante, que hace crecer el espíritu, o nos devuelve a la vulgaridad de la rutina en el mismo estado previo.
-Siempre se vuelve a la rutina.
-Pero se vuelve más sabio, o igual que antes.
-Pero hay sorpresas que no implican una decisión.
-Si, pero yo no hablo de sorpresas burguesas. Hablo de las sorpresas que sacuden el alma, que llevan a la necesidad de tomar una decisión, que tuercen el destino.
-¿Se tuerce el destino? Hay una contradicción ahí también.
-Esa es una buena pregunta, pero ahora tengo que despertar, en otra ocasión cuando vuelva a tu mundo y no haya guión, a tu mundo efímero y a-temporal, lo hablamos…
-Me parece bien, pero no entendí lo de ‘mundo efímero’…
-Claro, tu mundo, inacabado, efímero, dependiente, el de los sueños…
-¿Mi mundo es así?
-Supongo
-Ja ja ja… es para pensarlo, curiosamente yo pensaba lo mismo del tuyo. Prestá atención a los espejos de ahora en más… el tiempo me dará la razón.
viernes, 27 de junio de 2008
Besos de esos, en la noche
Lo cierto es que me acorde de ese primer beso. Por alguna razón empezó a darme vueltas eso en la cabeza, y en una noche con ese recuerdo como musa inspiradora, fui capaz de idear versos de aceptación poética. Ahora, la luz y el viento y un amanecer invasor se llevaron las partes notables de esos pensamientos y quedaron restos humeantes, y despojados de toda poesía.
Unos cuantos años después de ese episodio entendí eso que decía Dolina: “No olviden nada, ni el olor a jazmín de los besos en la noche…”; lo pensé y era cierto, no se olvida el olor a jazmín, la torpeza del primer contacto, el fuego, el concierto disonante de hormonas y la adrenalina que copa todas las células del cuerpo.
Como olvidar esos besos húmedos, esos labios de seda, la respiración contenida y la alegría y locura posterior, en personas como yo que cualquier emoción tiende a escaparse por las ramas de la locura…y a los trece, catorce o quince años todo es locura, todo es alegría.
A esos primeros besos, en esa calle oscura, le sucedieron otros, en plazas, en parques, y en ese cuarto lleno de ruidos, similar a una sala de ensayos… pero, como era de esperar, todo termina, posiblemente haya habido algo de prohibido en esa relación, así que la dejé, me dejó, nos dejamos… fue fugaz, pero intenso, pocos se enteraron de ello, y la vida… ‘la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido’.
Después llegan otros besos, más tóxicos, más rutinarios y ordinarios, más adictivos y necesarios; con un tipo particular de encanto, a qué negarlo, pero que no reemplazan los anteriores, carecen de toda dulzura.
Y las ganas de volver… siempre volver: a esa calle oscura, a encontrarme con ese que fui alguna vez y que me diga ‘mira en que te convertiste’, pero volver al fin… Aún sabiendo que nadie se baña dos veces en el mismo río, que esa calle oscura hoy posiblemente esté tan iluminada como la calle Corrientes, que no va a haber adrenalina, ni hormonas, ni risas, ni llantos, ni locura, porque la rutina burguesa hizo estragos con mis sueños de adolescente, que posiblemente se sientan un poco traicionados, sabiéndose los más genuinos.
jueves, 19 de junio de 2008
Crónica de un rebote anunciado (inconcluso) (By Me)
Ahora bien, entrando de lleno en el cuerpo, debo advertir que las circunstancias me obligan a jugar con los tiempos verbales, a ir al pasado y volver al presente, a narrar de adelante para atrás, cosa que no se hacer, por lo tanto, dudo se entienda algo, pero, como los motivos no son la excelencia literaria, sigo con esta farsa. Esta, que se podrá leer como cuento, novela, o simplemente libreta de almacen por su incoherencia...
El hecho es que la rubia subió, y pudiendo elegir entre un par de asientos disponibles, se sentó en el que estaba al lado mío; yo que había estado la media hora anterior de viaje pensando que sería interesante vivir la experiencia ‘levante en un transporte público’ pensé (en los dos o tres segundos que tardó en llegar), qué podía decirle si se sentaba al lado. Tenía que ser algo desubicado, que roce lo poético pero sin disimular la estupidez, y así fue. El rebote iba a ser inevitable, así que mejor tirarle una frase ridícula que me excusara. Por otro lado, iba a ser más divertido, porque tenía menos ganas de hablar que de escribir:
-¿Te parece, ir conversando con un desconocido, en vez de cerrarte en la música de ese aparato (mp3)?
-(con sorpresa y frialdad profesional) No gracias…
Después de poner cara de ‘tengo todo bajo control’ abrí el cuaderno, y empecé a garabatear unas líneas. La línea más importante, era el título, grande, remarcado, y ahí, empezaba todo. Eso era lo importante, el resto eran líneas de relleno, que buscaban que lo predicho en el título se cumpliera.
Entonces, comparando con un partido de fútbol: ya había probado pegarle de afuera del área, pero evidentemente pegué con zurda siendo diestro, y la mandé ahí donde el diablo perdió el poncho. Siguiendo con la analogía futbolera: ahora, había que hacer tiempo. De eso se trataba.
De repente en una mirada fugaz (para compensar las miradas de ella a eso que yo escribía tan convencido) veo que de su cartera se asomaba en forma de libro, la cara de un cantautor chileno, de la época de sangre y bombas en Latinoamérica, era Víctor Jara. Este detalle no era menor, primero porque supuse que le gustaba la literatura (y eso era interesante) pero además porque me hizo acordar que este muchacho también había dejado una obra inconclusa, aunque no por su voluntad, sino por una bota militar. Trate de recordar los últimos versos de ese poema:
…
Lo que veo nunca vi.
-Perdona… (dijo de pronto, se habia sacado los auriculares), estuve muy ‘mala onda’ recién…
-¿Eh?
-No nada… eso, vos con la mejor onda y yo re asquerosa…
-Ah, no pasa nada, no hay drama…
-¿Escribís?
lunes, 16 de junio de 2008
Mostrando la Hilacha
Evidentemente hay mucha gente que no entendió el espíritu de esta convocatoria, un sector de gente que se esconde detrás del apoyo al campo y en verdad lo único que les importa es que se vaya el gobierno de turno. El problema, es que (quiero creer) este grupo es una minoría, pero son los primeros que salen en cámara a decir ‘¡que se vayan!, ¡que se vayan!’ y esto le da pie al gobierno para identificar al discutible pero justo reclamo agrario, con un intento de golpe cívico. Así, el gobierno que poco le cuesta ver fantasmas por todos lados, encuentra la excusa perfecta y se cierra al diálogo con el argumento de ‘no vamos a dialogar con golpistas’. Estas declaraciones no ayudan a la resolución del problema, ni a la continuidad institucional.
Me gustaría que estas movilizaciones surjan con la consigna de ‘si al diálogo’ en vez de ‘estamos con el campo’, porque, veámoslo de la siguiente manera: el pueblo en democracia es soberano, por lo tanto tiene el poder, en este caso de dirimir un conflicto entre un sector y el gobierno elegido. Entonces, se me ocurre, no esta bien que ese pueblo sea a la vez juez y parte.
Me permito pensar, que muchos de los que hoy dicen “Que se vayan”, no dudarían en ‘ir a golpear la puerta a los cuarteles’ de ser posible; y eso hoy por hoy, (viniendo de un pueblo que vivió una dictadura de las más crueles de Latinoamérica) despierta en mi, por lo menos, preocupación.
Si nos ponemos en la fiscalía del universo y nos acostumbramos a decir ‘no sirven, que se vayan’, nos estamos equivocando en cuanto a lo que la democracia significa. Me parece más prudente, útil y sensato exigir a nuestros dirigentes excelencia en el cumplimiento de las funciones; es decir, exigir que hagan las cosas bien, que gobiernen para todos en vez de tratar de imponer un modelo rescatado del cajón de los setenta, condimentado en esa época con un poco de guevarismo y peronismo (una mezcla fatal por cierto) Acordémonos que en una democracia, la forma de sacarse a un gobernante inútil, es por medio de las urnas, y no otra.
Ahora, ya que me pongo a pedir como nene en carta a reyes magos, también sería bueno que se aceiten los mecanismos que hacen de ésta una democracia indirecta, me refiero a la iniciativa popular y la consulta popular, para ciertos temas.
Sería bueno también, que no transfieran el odio y la lucha de clases o de partidos a las generaciones jóvenes que no tenemos nada que ver con eso, que intentamos creer en la democracia, ‘que crecimos después de la caída del muro’. No nos obliguen a odiarnos por rencores de una generación precedente. Porque todo esto ya excedió los límites económicos y están aflorando las eternas divisiones argentinas. Así damos crédito, por ejemplo, a las afirmaciones de Enrique Pinti cuando en uno de sus monólogos decía ‘Somos la sucursal del túnel del tiempo’.
domingo, 15 de junio de 2008
No me lo cuentes!
Ahora bien, si esto fuera un delirio literario, no pasaría a mayores. El problema se da cuando se asocia estas situaciones con la vida en general; entonces me doy cuenta que en la vida pasa exactamente eso... todos sabemos el final, indiscutiblemente, pero no lo entendemos, es una da las incógnitas más grandes del ser humano... y entonces sospecho que cuando estemos llegando a los últimos párrafos de esta novela que vamos escribiendo, se va a producir esa asociación inevitable, y vamos a entender el porque de esas útlimas palabras, que ya conocíamos.
Y, como suele pasar, los conocimientos llegan cuando su utilidad ya caducó hace unos años...
Un ejemplo burgués: uno a los 15 años se muere por tener 21, para tener el auto propio y salir a cualquier lado, sin depender de nadie... pero a los 21, sabés que salir en el auto a donde se te de la gana, no es lo mismo que hacerlo con 15 años, se pierde energia y vitalidad en el camino... aunque aparecen otras variables, posiblemente mejores.
jueves, 12 de junio de 2008
Una bota pateando el tablero de ajedrez...
“Armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores…”
“Porque esta vida no es -como probaros espero-, mas que un difuso tablero de complicado ajedrez.”
Estos versos de Borges y Khayyám, y sugieren que la vida se desarrolla más o menos como un gran juego de ajedrez, y viendo los acontecimientos que se suceden en el país, hay motivos suficientes para dar crédito a tales afirmaciones. El ya conocido tema del enfrentamiento del campo y el gobierno, sin ir mas lejos, se desarrolla como una partida de ajedrez, pero con algunas variantes.
Hay dos bandos, dos colores, fichas blancas por un lado, fichas negras por el otro...
Hay un rey que manda pero limitado en sus movimientos, hay una reina con la mayor libertad de movimiento posible, hay alfiles que salen al cruce, caballos que saltan por sobre las piezas, y peones que avanzan y no pueden retroceder.
Difuso y complicado el tablero, como lo describe Omar Khayyám.
Si se sigue este juego que es la vida, respetando las reglas de aquel que es el Ajedrez, puede haber problemas, porque en el ajedrez los peones no pueden retroceder casilleros, y hay una obligación de pertenecer a un bando o al otro, y las piezas tienen valor y sirve sacrificarlas para alcanzar el triunfo.
En este caso, no sirve que nos intenten hacer pertenecer a uno de los dos bandos, pues nadie tiene la verdad absoluta. No sirve que las partes no puedan retroceder casilleros, porque con orgullo y prepotencia, no llegamos a nada. Lo de sacrificar piezas, bueno, en la política argentina es difícil que no suceda, pero esa es otra historia.
Sería bueno que pateemos el tablero de ajedrez, que ambos bandos den un paso atrás, que haya diálogo razonable, entendiendo las razones de ambos, y que no obliguen a la gente a “estar con ellos o estar con nosotros”. Además tratemos de no hablar porque el aire es gratis, porque ahora resulta que todos sabemos de micro y macroeconomía; quiero decir, opinar se puede opinar, pero no demos por verdades absolutas opiniones de quienes no son especialistas en economía, dejemos que el tema lo resuelvan los especialistas, pero también exijamos que se sienten a resolverlo. Este punto es importante: pienso que como pueblo, dueños del poder y del gobierno, según lo que significa la palabra democracia, lo que tenemos que hacer no es tomar partida por un bando o por otro absolutamente, ni en este ni en otro tema; lo que tenemos que hacer es exigir (no ‘pedir’) que se resuelvan los problemas, que intervengan los especialistas, que se llame al diálogo sensato.
Por otro lado, es común ver la leyenda ‘Estamos con el campo’, esta bien, es una posición; pero pregunto: ¿Vieron algún cartel que rece “Estamos con los Jubilados”, o en su momento “Estamos con los docentes”, por ejemplo?
No estoy sugiriendo nada polémico, pero me pregunto porque estamos con unos y no con otros, si argentinos somos todos.
Humo sobre el agua
...
El humo se ha vuelto un tema muy de moda en las últimas semanas, por motivos que todos conocemos.
No obstante, el humo al que me refiero viene de unos cuantos años atrás, de un incendio político, social, y económico al que se vio sometido el país. Estoy hablando, claro, de los horrores de fines de los años 70 y principios de los 80. A continuación no voy a escribir comentarios en Pro de ninguna de las facciones en que se dividió al país, ya que el tema es muy cuestionable, imposible de plasmar en una carta de lectores; lo que si voy a escribir es una humilde reflexión, de un joven de 20 años.
Desde los años en que empecé a tener noción de ciudadano, he visto pasar algunos conflictos sociales en el país, algunos políticos, algunos económicos cada uno con sus causas y consecuencias.
Lo curioso, es que detrás de cada conflicto siempre se escondía, y se esconde, una nota al pie que recomienda “ver crisis de los años ‘70”, aunque quizá sean delirios míos…
En ningún momento queda afuera la eterna división argentina, que se arrastra de años pretéritos a los 70, pero que se solidificó en esos años; alguna vez fue ‘peronistas’ contra ‘gorilas’, otras veces fue ‘zurdos’ contra ‘fachos’, etc. Esta dicotomía se pone de manifiesto mezclándose en algún conflicto social.
Da bronca e incluso miedo que en cada ámbito de expresión social y popular se infiltren los comentarios filosos y extremistas de personajes como D’Elia, como Cecilia Pando que vienen cargados de rencores (por nombrar dos de una extensa lista, elegidos al azar, desconociendo su relevancia ideológica y política)
Pero bueno apartándonos un poco de lo concreto, me gustaría expresar una opinión:
Pienso que deberíamos estar atentos a todo humo que pueda colarse por las hendiduras de las puertas democráticas; pienso que la generación que dirige al país por estos años tendría que cuidarse de la manifestación de sus rencores y odios, porque lo que van a conseguir es que las generaciones jóvenes ‘mamemos’ todo ese odio y rencor, y nos dividamos por fracasos que no nos son propios. Y si, pienso que fue un fracaso social, como otros que enfrentamos hoy, y cargaremos en el futuro.
Seguramente el lector apresurado ya afila los dientes para atacarme: los de un lado me dirán ‘nos animamos a hacer la revolución, vos no sabés nada’, los del otro lado dirán ‘salvamos al país de las miserias del comunismo, vos no sabés nada’ y otras cosas. Y tendrán razón, no se nada.
No se confundan.
Con esto intento no tomar partido por ningún bando, no compro ideologías rígidas y trato de ser objetivo. Para dejar clara mi posición respecto a ese período histórico harían falta muchas líneas más.
El foco no esta en lo que pasó en aquellos años. No estoy hablando de ‘el pasado pisado’, de olvido e impunidad, eso nunca.
El foco está en los efectos que puede tener los desbordes de los comentarios (y la peligrosa influencia de los mismos) de ciertos personajes públicos que relacionan todo hecho social con los años ’70. Porque un mensaje malinterpretado puede traer muchos problemas y “malos interpretes” hay muchos. No necesitamos estos personajes patéticos, para hacer justicia.
Justicia tiene que haber, memoria tiene que haber, sin duda.
Estaría bueno que no pretendan encajar a toda la sociedad en las filas de dos ejércitos nacidos del extremismo y la irracionalidad, porque en estas guerras ‘los muertos los pone el pueblo’, que no esta en los extremos.
Sería bueno separar la paja del trigo, no sea que este se queme, y aquella sobreviva. No sea cosa que siga el humo. Lejos de mis intenciones esta herir la sensibilidad de las personas afectadas por los horrores de la dictadura y pido perdón si en alguna línea lo hice, posiblemente me cueste ser breve y claro.
A falta de prólogo...
Soy MarKy, de la curiosa ciudad de Lobos... y todos esos datos que aburren
Vamos a ver q pasa, si podemos convertir este espacio en algo interesante.
Pasando por ámbitos de filosofía barata de cafetín, poesía no propia, y alguna otra rama del arte, buscando expresar quien sabe que...
un saludoooo
que anden bien!